Los correos, documentos y mensajes internos de las compañías se convirtieron en una mercancía codiciada. Intermediarios de datos ofrecen entre USD 350.000 y USD 1,8 millones por copias de esos archivos, y una propuesta llegó a USD 2 millones cuando se sumaban transcripciones de llamadas, según un reportaje de la revista Wired difundido el 6 de noviembre.

El periodista Steven Levy recibió esas ofertas de desconocidos. Uno de los contactos aseguró que Anthropic y OpenAI pagan esas cifras a medios de comunicación por sus registros antiguos de trabajo. Otro afirmó que los laboratorios destinan más de USD 45.000 millones a datos privados. Las cifras provienen de los propios vendedores y no fueron verificadas de forma independiente.

Un negocio que crece sin reglas claras

Mercor, Micro1 y Handshake son las empresas que lideran este mercado. Mercor nació en 2023 como una firma de reclutamiento con inteligencia artificial. Su director ejecutivo, Brendan Foody, explicó que los laboratorios no estaban conformes con la calidad de los datos disponibles: contratar expertos para simular tareas no reproducía el desorden de una empresa real.

Foody sostuvo que Mercor borra los datos personales antes de recibir la información y que esa limpieza puede comprobarse. Según la revista, los tres cofundadores de la compañía se convirtieron en multimillonarios a los 22 años.

Ali Ansari, director ejecutivo de Micro1, calculó que laboratorios, empresas y compañías de robótica desembolsan hoy entre USD 40.000 y USD 50.000 millones al año por datos. Wired no pudo confirmar esa estimación. Ansari proyectó que el mercado superará el billón de dólares anuales en dos a cuatro años y que vender datos de trabajo será más habitual que la publicidad como fuente de ingresos.

El fenómeno también se refleja en el ecosistema emprendedor: en la última camada de la aceleradora Y Combinator, 40 de las 65 empresas lanzadas son startups de datos, de acuerdo con la publicación.

Spirit Airlines, el caso que expuso al mercado

La discusión salió a la luz cuando Spirit Airlines, en quiebra, puso a la venta sus activos digitales: 80.000 cuentas de correo, 500 millones de mensajes internos, 20,6 millones de archivos de Microsoft SharePoint y un millón de registros de horarios.

Google parecía haberse quedado con el lote tras ofrecer USD 10 millones, pero Micro1 la superó por USD 2,5 millones y se abrió una disputa sobre quién era el ganador. La operación está en pausa.

La Asociación de Auxiliares de Vuelo (AFA-CWA) denunció que la venta incluye información privada de sus afiliadas. Según Fortune, el sindicato presentó una objeción ante el tribunal de quiebras del Distrito Sur de Nueva York, donde argumenta que los datos de los empleados tienen menos protección que los de los clientes.

Google respondió a Fortune que no recibirá información personal del conjunto de datos. El sindicato aclaró en su escrito que no busca anular la subasta, sino eliminar los datos que permitan identificar a los empleados.

"Se trata de datos valiosos para entrenar modelos que reemplacen empleos", afirmó Sara Nelson, presidenta del sindicato.

Mayu Tobin-Miyaji, asesora legal del Centro de Información sobre Privacidad Electrónica (EPIC), que respaldó la presentación sindical, advirtió que el anonimato no resuelve todos los problemas: los correos y mensajes contienen información sin estructura, como citas médicas o problemas familiares.

La industria avanza más rápido que la regulación

El inversor Gordon Ritter señaló que no se han fijado normas para la compra de datos y que el sector se mueve más rápido que la capacidad de regularlo. Anthropic dijo a Wired que existe un gran mercado de datos, pero que no compra flujos de trabajo de empresas activas como la revista. OpenAI no respondió antes de la publicación.

Handshake, otra de las firmas del sector, confirmó que ofreció USD 1.000 a una periodista independiente por un solo artículo. Un portavoz explicó que licencia documentos profesionales para que los laboratorios prueben cómo los modelos manejan el trabajo con conocimiento, y que buena parte de su negocio son trabajos de estudiantes de posgrado.

Hasta la difusión del reportaje, la venta de los datos de Spirit seguía frenada.