La llegada de León XIV a la Argentina se perfila como mucho más que una visita protocolar. En un país que acumula años de desgaste económico y anímico, el pontífice llega con un mensaje que cruza lo espiritual con lo social, y que desde la Santa Sede se preparó con información de primera mano sobre empleo, ingresos, consumo y actividad económica, relevada a través de la Nunciatura.
El objetivo, según el diagnóstico que rodea la organización, es atravesar la superficie del ruido dirigencial y llegar a lo que el material describe como el subsuelo emocional de la sociedad: ese lugar donde se procesan los dolores acumulados.
Un país que carga con varios duelos
El antropólogo Pablo Semán describió ese estado de ánimo con crudeza. Según sus estudios cualitativos en distintos puntos del país, mucha gente invierte una energía psíquica enorme en procesar lo que vive.
"Primero debió tramitar la pandemia, después la inflación del gobierno de Alberto Fernández, después el ajuste de Javier Milei, y ahora enfrenta la pérdida de sentido de todo ese sacrificio", planteó Semán, que habló de una tristeza extendida.
Ese retrato es el que el Papa tendría presente. La figura de León XIV sorprendió a propios y extraños: detrás de una apariencia serena y poco expresiva, se consolidó la percepción de un líder profundo, que no necesita carisma para conectar.
Tres misas, tres públicos
Las convocatorias masivas tendrán como ejes las misas en el Monumento a los Españoles, en Córdoba y en Luján. En esas celebraciones convivirán grupos con motivaciones distintas.
El primero es el de los católicos de fe activa, para quienes el pontífice representa la conducción de la Iglesia y la continuidad de la herencia de Pedro. Es el segmento que puede revitalizar su espiritualidad en una demostración de comunidad.
Pero ese grupo ya no es el dominante. Según el Barómetro de las Religiones de la UBA, el 57,7% de los argentinos se identifica como católico, frente al 90,5% de 1960. La caída es global y responde tanto a errores de la propia Iglesia como a la pérdida de representación que afectó a otras instituciones, desde partidos y sindicatos hasta clubes.
El avance evangélico y la fe sin institución
Parte de ese desgranamiento se canalizó hacia las expresiones evangélicas, que llegaron al 17,4%. El sociólogo Daniel Schteingart explicó que ese fenómeno se dio con más fuerza en países de la región más pobres, con menor urbanización y mayores migraciones internas, como Centroamérica, Brasil y Perú. En el Cono Sur, en cambio, pesó más la opción secular.
El segundo grupo que probablemente colme las misas es el de quienes mantienen alguna espiritualidad por fuera de la Iglesia, una fe individual, sin estructura institucional. Ese mapa heterogéneo es el que el Papa buscará interpelar durante su estadía.