La Iglesia católica beatificará este sábado 7 de noviembre a fray Augusto Ramírez Monasterio, el franciscano asesinado en 1983 por no revelar el contenido de una confesión durante el conflicto armado interno de Guatemala. La ceremonia se hará desde las 10:00 en la finca municipal Florencia, en Santa Lucía Milpas Altas, departamento de Sacatepéquez, a unos 35 kilómetros de la ciudad de Guatemala. Con el acto, Ramírez Monasterio se convertirá en el primer sacerdote guatemalteco elevado a los altares.

La fecha no es casual: coincide con el aniversario número 43 de su muerte, ocurrida el 7 de noviembre de 1983. Los organizadores esperan al menos 15 mil asistentes, entre autoridades eclesiásticas, sacerdotes, familiares y fieles, según informó fray Edwin Alvarado, vicepostulador de la causa.

Una causa sin milagro de por medio

El camino a la beatificación se destrabó el 22 de enero de 2026, cuando el papa León XIV firmó el decreto que reconoció el martirio del religioso. Ese reconocimiento permitió que la causa avanzara sin la exigencia habitual de acreditar un milagro, un requisito que la Iglesia pide en la mayoría de los procesos de canonización.

La misa será presidida por el cardenal José Francisco Robles Ortega, designado por el papa como delegado para la ceremonia. También está prevista la presencia de 27 obispos, dos cardenales y cerca de 300 sacerdotes. La Conferencia Episcopal de Guatemala interpretó esa convocatoria como un homenaje a los religiosos que defendieron la dignidad humana en los años de violencia.

Los preparativos y el comunicado de Confregua

En los días previos, el arzobispo metropolitano de Santiago de Guatemala, Gonzalo de Villa y Vásquez, se reunió con fray Edgardo Manuel Pérez Tejeira, ministro provincial de la Provincia Franciscana Nuestra Señora de Guadalupe en Centroamérica y Panamá, y con fray José Alberto González Fuentes para ultimar los detalles. La orden agradeció además la gestión de Alvarado, que siguió el proceso ante el Vaticano desde España e Italia.

La Conferencia de Religiosas y Religiosos de Guatemala (Confregua) difundió el 4 de noviembre un comunicado en el que expresó su gratitud a la Orden Franciscana y al pueblo católico del país. La organización recordó que la prensa de la época tituló el crimen de 1983 como “un muerto y un herido en tiroteo en el periférico”, una descripción que contrasta con el reconocimiento actual del hecho como martirio.

“Oramos para que su valentía y espíritu profético ilumine, despierte y reavive el compromiso de todas las personas, sectores civiles, sociales, religiosos, etc. a superar el indiferentismo ante la sangrante realidad de violencia, despojo, exclusión y terror hacia la población más vulnerable”, señaló la junta directiva de Confregua.

El documento también destacó su trabajo pastoral con jóvenes, comunidades indígenas y campesinas, y su participación en la fundación de las Obras Sociales del Hermano Pedro en Antigua Guatemala. Confregua rescató una frase que el religioso pronunció cuando arreciaba la persecución: “no debo nada a nadie, yo no me voy. Hay que dar un precedente”.

El legado en Antigua Guatemala

Ramírez Monasterio ejerció su ministerio en la iglesia de San Francisco El Grande, en Antigua Guatemala, un templo que muchos fieles llaman “el santuario de la misericordia”. Allí se mantienen hasta hoy las confesiones diarias entre las 6:30 y las 16:00, una práctica que la comunidad franciscana vincula directamente con el compromiso que le costó la vida al nuevo beato.