Cuando la Universidad Nacional de Córdoba le entregó el título de Doctora Honoris Causa a María Moreno, el 23 de septiembre de 2025, el certificado dejó un detalle que no pasó inadvertido: las comillas quedaron corridas de lugar. El reconocimiento figuraba a nombre de María Moreno, "María Cristina Forero". La escritora, entonces, quedó inscripta junto a su nombre legal entre signos que, en vez de aclarar, abrieron una pregunta sobre a quién se le estaba otorgando el título.
El episodio no es menor para una autora que construyó su identidad pública sobre esa diferencia. Su nombre de nacimiento es María Cristina Forero; María Moreno llegó después, como seudónimo. Con el primero publicó su primer texto de ficción en la revista Literal, y fue Germán García quien la interpeló en ese momento: "Es la asunción de tu nombre y de la literatura".
El nombre propio como territorio en disputa
La convivencia entre ambos nombres no fue pacífica. En Contramarcha, Moreno renegó del María Cristina con una referencia a una canción española: "María Cristina me quiere gobernar / y yo le sigo, le sigo la corriente / porque no quiero que diga la gente / que María Cristina me quiere gobernar". Entre el rechazo a ser gobernada y la construcción de un estilo propio, el seudónimo terminó de dar forma a una voz que también heredó la tradición periodística de Mariano Moreno.
La pregunta que dejó el certificado es concreta: ¿el Honoris Causa distinguió a la persona legal o a la autora? La salida que encontró la escritura del título fue incluir a las dos, pero una puntuación desafortunada —o afortunada, según se mire— desplazó las comillas y convirtió el gesto administrativo en un pequeño enigma gramatical.
Puntuación, ingenio y el poder de mover una coma
La anécdota conecta con una idea que atraviesa la obra de Moreno y la de sus maestros. Alan Pauls sostiene que Borges representa el paradigma absoluto del estilo por su capacidad de "cambiar el mundo tocándole apenas una coma". Juan Filloy pensaba algo parecido: el ingenio vale más que el genio y es el que interviene en la creación del idioma.
Lacan también advirtió ese poder. Según su lectura, los textos antiguos, como la Biblia o las escrituras chinas, se prestaban a la ambigüedad por falta de puntuación: "La puntuación, una vez colocada, fija el sentido". De ahí que cambiar una coma sea, en algún punto, cambiar el mundo. Miller, años después, lo resumió así: "la interpretación analítica es esencialmente un hecho de puntuación".
Una trayectoria por fuera de la universidad
Moreno llegó al reconocimiento académico desde un lugar singular. Se formó como autodidacta, al modo que describía Germán García: "el autodidacta no es el que aprende de sí mismo sino el que elige sus maestros". La llamada "universidad bohemia de los bares" fue su espacio de formación, y García, el maestro que la ayudó a puntuar su deseo.
En su discurso de recepción del título, Moreno habló de "amor preceptor" para nombrar ese vínculo con quien señala los libros prohibidos y lee el deseo sin ejercer la autoridad como poder. El reconocimiento de la UNC formalizó una trayectoria que, como el nombre y las comillas del certificado, siempre se movió en los bordes de lo instituido.